Soledad Sevilla El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece

30 gen. - 29 ag. 2021
El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece

Overview

Siguiendo la línea museográfica de poner en valor las grandes figuras nacionales presentes en la Colección Arte Contemporáneo, el Museo Patio Herreriano se asoma a la obra de Soledad Sevilla (Valencia, 1946), una de las creadoras más relevantes de nuestro país. En la línea de los proyectos dedicados a artistas de contrastada trayectoria, como los realizados por Susana Solano o Eva Lootz, esta muestra dedicada a Soledad Sevilla se detiene ante un muy variado conjunto de trabajos, uno de ellos ya histórico, el realizado a principios de los años setenta, otro reciente aunque inédito, como “Los días con Pessoa”, y otro específico, titulado “De la luz del sol y de la luna”, que se vincula con algunas de sus intervenciones más célebres realizadas con anterioridad si bien adquiere aquí una dimensión más robusta y rotunda dada la escala del espacio de nuestra Capilla de los Condes de Fuensaldaña. La muestra reúne por tanto trabajos realizados en un arco temporal de 50 años, que son los que se cumplen ahora desde la realización de aquella serie de obras que avanzaban los patrones de líneas y tramas que caracterizarán toda su obra posterior y que se encuentran entre lo más importante de nuestra colección. Esta exposición manifiesta la relevancia que ha tenido la obra de la artista durante todas las etapas de su trayectoria y la enorme coherencia con la que se han imbricado sus sucesivas inquietudes estéticas. Fruto de tan riguroso acercamiento a la creación artística son sin duda los importantes reconocimientos que ha recibido, como el Nacional de Artes Plásticas en 1993, la Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes en 2007 o el Premio Velázquez en 2020.

El proyecto De la luz del sol y de la luna, que ocupa la Capilla de los Condes de Fuensaldaña, ofrece con ejemplar nitidez las claves del trabajo de una artista, Soledad Sevilla, que ha forjado su carrera en el desarrollo infatigable de unas inquietudes estéticas que permanecen en su libreto desde sus inicios. Toda su obra se caracteriza por la fidelidad a un ideal que se ha ido enriqueciendo y revigorizando con precisión y frescura. No en vano, Soledad Sevilla no ha dejado de ser relevante en ningún tramo de una carrera de más de medio siglo.

Este ideal es el del análisis de la línea sobre el plano, que somete a un sistema de permutaciones y combinaciones, de reiteraciones y quiebros, de pliegues, arritmias y giros que articulan espacios dinámicos de densidad variable. Desde muy pronto, Soledad Sevilla quiso subrayar que el carácter analítico de su obra no eludía la búsqueda de un universo poético –“un mundo emocional, incluso de presagios”-, dijo en su día. Ante la bellísima expectativa del “presagio”, reconocemos su inscripción en la vertiente lírica de la tradición conceptual, aquella por la que ciertos artistas se consideraban más “místicos que racionales” y cuyas obras “llegaban a conclusiones que la lógica era incapaz de alcanzar”, como apuntó el artista estadounidense Sol LeWitt. Y así, entre el fragor con el que se entrama la línea y la intuición del espacio poético, viene desarrollándose una obra que se encuentra entre las más destacadas no sólo en el ámbito de la geometría sino en el conjunto de la producción abstracta en España.

Soledad Sevilla ha llevado a menudo esta reflexión en torno a la línea y el plano un paso más allá al situarla en el marco de la arquitectura, algo que empezó a desarrollar desde los años ochenta en edificios históricos o en otros más neutros. En esa línea se inserta “De la luz del sol y de la luna”, un trabajo realizado con hilos de algodón que se distribuyen en dos grandes planos entrecruzados ocupando la Capilla de los Condes de Fuensaldaña. El ritmo riguroso y preciso de los hilos entra en contacto con la arquitectura y, a la vez, con la luz que se desliza desde el exterior, variable en función del momento del día. Es ahí donde reside la singularidad de esta pieza, en la línea al vuelo que se inscribe en la ruina certera del espacio, certera pues en ella reside la equilibrada ambivalencia entre pasado y presente que caracteriza su arquitectura y a la que se suma el brillo cambiante de la luz. Soledad Sevilla satisface en este espacio ese anhelo ancestral de tantos artistas que han querido representar la luz con la mayor precisión posible. Es más: en función del movimiento del sol sobre nuestra capilla, parecería que, más que representación, su obra se revela como luz en sí misma.

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