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Miguel Marina | Isidoro García Yágüez

17/09/2020 - 06/11/2020


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Miguel Marina | Isidoro García Yágüez | Ana Mas Projects

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Texto

El fantasma que la gente decía que rondaba la casa de abajo era el de Isidoro García Yágüez, que también había nacido en un pueblo de la Alpujarra, muy próximo al de mi abuelo.

También era hijo de un labrador. Pero ahí se acabaron las similitudes porque Isidoro García Yágüez no estudió, ni siquiera los cursos más elementales. Tampoco se casó. Tampoco tuvo hijos.

Tenía sólo dos hermanos, que le acompañaban la noche del fatídico robo que le costaría la vida. Se habían enterado de que un tío de mi abuela, anciano y ciego, había vendido una partida de ganado, y como habían visto esa misma mañana a mi abuelo por donde la Alsina, supusieron que habría salido de viaje. Esperaron a que se hiciera de noche, entraron por la huerta con las caras tiznadas y se adentraron en la casa a través del corral en busca del tesoro.

A la una de la mañana, hora del más profundo sueño… ¿quién me despertó…?

Dios, que quiso salvarnos. Sentí ruido en el piso bajo que me intranquilizó. Al minuto veo ante la puerta de nuestro dormitorio a un hombre con el rostro tiznado, con un revólver en la mano y un candil en la otra. Aquella tan horrible visión no es para describirla sino para pasarla… El instinto de conservación, más que la inteligencia, me sugirió lo que debía hacer. Permanecí con los ojos casi cerrados para darle la impresión de que dormía. Creyéndome dormido se alejó, lo que me permitió levantarme rápidamente para hacerme con la pistola. Mi mujer se dio cuenta de que algo malo sucedía en la casa, al verme buscando la pistola y sin que la pudiera contener fue a la habitación de mi anciano tío encontrándolo rodeado de tres demonios que lo emplazaban con urgencia. ¡El dinero o lo matamos! Al llegar mi mujer uno de ellos la agarró por la garganta procediendo a ahogarla. Cuando yo pude llegar a auxiliar a los míos ella estaba ya casi estrangulada y después me contó que los disparos que yo hice los oyó muy lejos…

Los ladrones echaron a correr sin saber muy bien adónde, desorientados en una casa grande y deslavazada. Mi abuelo oyó que el que iba herido dijo a otro: «Hermano, me han matado», y que él le contestó seco y rotundo: «Jódete».

Una vez abajo tardaron aún en dar con la salida, hasta que vieron un atisbo de luz a través de la puerta de la calle y pudieron salir al fin.

Pero no iban los tres. El herido se había refugiado en una alcoba, la que da a la antesala, y ahí lo encontraron al cabo de un rato tendido en la cama, muerto.

Utilidades de las casas

Isabel Cobo

Editorial Caballo de Troya

 

Este proyecto se apoya en un ensayo de Isabel Cobo, madre del artista, que da nombre a la exposición, y concretamente en una historia familiar con la que creció durante su infancia y que le ha acompañado durante muchos años. Las obras que conforman la muestra se adentran en el paisaje de la Alpujarra (Granada) desde el relato, el recuerdo y la imaginación. Los dibujos, pinturas e instalaciones, son excusas para las inquietudes formales del artista y de igual modo se nutren de experiencias autorreferenciales en las que el tiempo y la memoria juegan un papel fundamental.

El artista entiende su trabajo como un proceso en el que cada pieza y cada material le llevan al siguiente, lo cual provoca saltos formales y discursivos que buscan analizar y pensar el paisaje y los distintos elementos que lo componen desde la pintura y las diferentes vías plásticas que ofrece. En su práctica utiliza procesos que implican la unión idea-imagen-material y éstos se extienden hasta formar un cuerpo de obras que miran a diferentes frentes pero que remiten a lo mismo, una suerte de narración fragmentada que evoca al hacer y a lo manual como conciencia y punto de partida a la hora de relacionarse con su trabajo en el día a día.