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Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud

06/05/2017 - 07/07/2017


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Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Youth years, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

Ramón Masats 1953 – 1965. Años de Juventud | Ana Mas Projects

Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

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Ramón Masats 1953 - 1965. Años de Juventud, 2017 © Roberto Ruiz

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Texto

Ramón Masats

1953 – 1965. Años de juventud

06.07.2017 – 07.07.2017

 

Comisariada por Laura Terré

Ana Mas Projects presenta, en su sede de Barcelona, la exposición Ramón Masats 1953 – 1965. Años de juventud. La muestra recoge 61 de las decenas de fotografías que el catalán tomó durante sus inicios y que van más allá de su icónica obra de los seminaristas. Masats fue y es el grande de la fotografía española, perteneciendo a una generación extraordinaria de fotógrafos que en los 50 nos adentraron en la modernidad a través de su trabajo. Fotógrafo de formación autodidacta, desarrolló en sus inicios una obra cercana a la fotografía documental francesa, participando de la renovación de esta técnica a través de sus composiciones innovadoras y, sobre todo, de la plasmación de sus realidades más cercanas de una forma directa y espontánea, sin estudios previos ni retoques. En cada una de sus fotografías, el artista, o artesano como él mismo se designa, transforma la banalidad en singularidad y proporciona autonomía a los pequeños detalles que capta. Es capaz de aislarlos a través de brillantes composiciones y un humor irónico, única mirada que podía transmitir la miseria de la España de los cincuenta. La obra de Masats refleja un gran número de tópicos que, como él dice, los trata “de forma lateral, para sacarles punta” sin centrarse en temáticas concretas, excepto sus obras en el contexto barcelonés, y recogiendo ingeniosas instantáneas de su realidad más inmediata.

Esta mirada tan particular llevó a Masats a ser Premio Nacional de Fotografía en 2004 y a configurar una lista interminable de premios y reconocimientos, entre ellos, el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid (2002) o el Premio Bartolomé Ros a la Mejor Trayectoria Profesional (2011). Además, sus obras forman parte de colecciones tan destacadas como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), la Real Academia de San Fernando, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Ramón Masats fue miembro de un gran número de asociaciones y colectivos fotográficos como la Agrupación Fotográfica de Cataluña, el Grupo AFAL o como miembro fundador de grupos como La Palangana. A partir de 1965, el fotógrafo deja a un lado la fotografía y se centra mayormente en el video, volviendo más tarde a la fotografía en color a inicios de los 80. Desde entonces su obra ha sido expuesta en numerosas instituciones destacadas como el Círculo de Bellas Artes, el MNCARS, la Real Fábrica de Tapices en Madrid, el Palau de La Virreina en Barcelona, el Palacio de la Magdalena en Santander o las sedes del Instituto Cervantes en diversas ciudades del mundo.

La exposición en Ana Mas Projects Barcelona pretende mostrar algunos de los momentos captados por Masats durante sus primeros años de experimentación con la fotografía, años en los que se asentaron las bases de su producción posterior y que gestan las obras que más tarde le reconocerían como el hito de la renovación de la fotografía española.

 

Ramón Masats, primeros años

Con un instinto venido de sabe dios donde, después de probar el dibujo y la poesía, el joven Masats había elegido la fotografía como medio de expresión. Hoy día, asombrado con el interés que muestran los otros, pasea su mirada con cierta indiferencia por las fotografías más formalistas de aquellos primeros años. Se servía de lo cotidiano: las puertas a medio pintar, las sombras en la acera, los toldos al viento… El juego consistía en restar realidad a las cosas hasta que parecieran imágenes inventadas, como salidas de la imaginación del artista, atacadas con la furia del carboncillo. Negro sobre blanco. Masats fue uno de los pocos fotógrafos en los que se fijó Julien Coulommier para representar la fotografía española en la exposición “Images Inventees”, presentadas en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas en el año 1957, una exposición que recopilaba, al estilo de las Subjektive Fotografie comisariadas por el alemán Otto Steinert, la producción europea de aquellos autores que entendían la fotografía como un medio de expresión artístico con posibilidades ilimitadas.

Quienes conozcan a este autor sabrán que desde un principio hizo una apuesta firme por el reportaje como la manifestación más completa del lenguaje fotográfico. Por eso les sorprenderán estas fotografías de carácter experimental, de intención menos narrativa. Son fotos que mostró por primera vez formando parte del reportaje sobre La Rambla, en la colectiva Terré-Miserachs-Masats en la Agrupación Fotográfica de Cataluña, en 1957. Estas “fotografías no figurativas”, tal como él les llamaba, eran la excusa para ejercitarse en el estudio de volúmenes, luces y principios de composición, que luego aplicaría al reportaje. En el artículo que escribió entonces sobre aquella exposición, Oriol Maspons lamentaba irónicamente que siendo sólo un ejercicio en el momento de la toma, las hubiera positivado luego tan grandes. Pero en realidad, para Masats estas fotografías no eran un mero ejercicio decorativo sino un contrapunto y complemento a las fotografías de acción. Las introducía en sus reportajes con intención y aportaban un punto de atracción surrealista a través de los primeros planos, explorando las relaciones sutiles entre los seres y los objetos convertidos en signos. Evocaba fuerzas ocultas sirviéndose del parecido de las formas. Así, en el reportaje de La Rambla, que pueden ver en esta exposición, estas imágenes de intención menos narrativa daban profundidad a los sentimientos: las cortezas de los viejos plátanos horadados, los animales enjaulados, las navajas abiertas tras el escaparate, rimaban con los rostros dolientes de los viejos sobrevivientes a la guerra, con las miradas extraviadas de los “badocs”.

Ramón Masats apenas ha teorizado sobre su obra, cuya justificación estética está ahí implícita: la fotografía habla por sí misma, es un lenguaje intraducible. Pero hay algunas frases en la literatura de la época que nos orientarán en la lectura de sus imágenes. Dijo, por ejemplo: “Ni calidades ni luces hacen que una fotografía sea buena, sino el “alma” que encierra, la emoción que pueda producir en el que la contempla.” Esa sintonía entre el autor y el espectador es el núcleo del mérito de la imagen y la motivación que le empuja a fotografiar. Ni los valores plásticos, ni los aciertos técnicos, ni siquiera la oportunidad del instante. Se trata de algo invisible. Para Masats la magia se encuentra en eso trasparente, en la literalidad de la fotografía: “Verismo y no falseamiento –podemos leer en una entrevista del año 1960- Ningún otro arte puede captar el momento con tanta autenticidad.” El instinto del reportero, como un rapto, tiene que llevar directamente el ojo hacia aquello que hay que fotografiar. Más allá de la anécdota la fotografía tendrá que condensar las impresiones vividas para articular el suceso y hacerlo “parecer vivo”. Fotografiar así es estar poseído por la actividad del mirar, quedando de lado cualquier preocupación técnica o estética. Toda la concentración residirá en aquello que está sucediendo. Ni el cómo ni el porqué son importantes en el momento de fotografiar. Sólo se impone el qué, aquello que le ha llamado la atención y que sabe fugaz, limitado a una breve existencia, a punto de desaparecer, con la urgencia de congelarlo en el rectángulo de la película. A esa predisposición para interesarse por lo esencial del mundo que le ha tocado vivir, el joven Masats le llama “inquietud”. La inquietud es un grado de sintonía con la realidad que implica una respuesta inmediata en la fotografía. No es una actividad pasiva, sino al contrario, la inquietud necesita concretarse, devenir. No se explica a posteriori en las imágenes, sino que se siente en el momento de hacerlas y eso es lo que refleja y transmite la imagen final. La inquietud del fotógrafo tiene que ser viva, fresca, original y espontánea y casi siempre entraña dinamismo. Un buen fotógrafo tiene inquietud. Un mal fotógrafo no la tiene desviada, o corrompida, o en poca cantidad. Sencillamente no la tiene.

La espontaneidad de Masats, esa inquietud natural, es lo que más nos admira. El movimiento capturado entre un claro y definido antes y un inquietante después. Incluso sin saber de fotografía “notamos” que sus fotos tienen algo que estéticamente está por encima del estilo. Tienen una gran expresividad, pero no se distinguen recetas en ellas. El poeta José Hierro dijo de su trabajo en el año 1963: “Lo suyo es un misterio claro, algo que baña sus obras, sin que sea posible aislarlo, atribuirlo a algo. Un misterio que se respira como el aire, y que convierte la realidad en sueño, en invención.”

Cuando en su repaso de las fotos de la exposición Masats llega a las fotografías de sus primeros reportajes profesionales, de los que mostramos algunos ejemplos –El Rocío, Acapulco, etc.-, se alegra de observar su evolución. El juego expresivo de la fotografía subjetiva está disimulado y sobresale el azar. El materialismo de la plástica y las composiciones queda escondido entre la atmósfera irónica y la constante confrontación de lo fantasmagórico con lo cotidiano. No necesita contraponer las abstracciones, pues las escenas se muestran abstractas. Son fotos de reportaje sacado de contexto en las que realmente no pasa nada. El reinado de Cartier-Bresson que pensamos que uniformizaba el modo de hacer y pensar la fotografía documental de aquella época se desdibuja en estas fotografías de Masats, ya reportero maduro en los años sesenta. Hay un modo de sentir que subyace a esta nueva visión, que se despereza poco a poco de la posguerra. Un nuevo lenguaje que vemos en los trabajos de Robert Frank y Bruce Davidson, una nueva visión inquieta cargada de ideas, de inconformismo. Por cronología, los mismos hallazgos los patenta Masats en una España autártica de la que pocas sorpresas podíamos esperar. Y es precisamente en aquella realidad vulgar y monótona, también pobre y miserable, donde se sitúa para innovar y sacudir algo ahí dentro que sigue vibrando en nosotros hoy día.

Laura Terré
Vilanova i la Geltrú, abril de 2017