Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición

05 Dic 2018 - 04 May 2020
Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición

Overview

Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición tiene su origen en la investigación emprendida en 2008 por el departamento de Colecciones del Museo Reina Sofia, con el objetivo de reivindicar las experiencias artísticas excluidas del discurso institucional de la historia del arte español de la década de 1970.  Este cambio de perspectiva se ha ido traduciendo en nuevas narraciones y procesos de patrimonialización de materiales que, unidos a una recuperación de lo político —fundamental en la España de esos años—, permiten evocar acontecimientos en los que diversos artistas (y los soportes y medios que utilizaron), abandonando su estudio, participaron en comunidad y llevaron su obra más allá de la objetualidad.

Con esta exposición, que pone el acento en lo participativo, reivindicativo y colectivo, el Museo da visibilidad a este proceso de investigación que ha llevado a cabo durante una década, rememorando un periodo en el cual, junto a las demandas civiles en favor de las libertades democráticas, la justicia social y el autogobierno, surge una nueva estética vinculada a prácticas culturales innovadoras que buscan subvertir el orden franquista y los diseños institucionales que tratan de heredarlo.

En este contexto, el relato de la exposición se inicia con un caso de estudio contrapuesto a esos procesos de emergencia de una cultura juvenil y ciudadana de voluntad autónoma: la Bienal de Venecia de 1976, un acontecimiento artístico —cuya transcendía política no ha sido lo suficientemente estudiada— que encierra un discurso cerrado y representativo del arte antifranquista del momento. Las vicisitudes, conflictos, diálogos y articulaciones teóricas que se sucedieron dentro y fuera de España durante la organización de la Bienal, bien pueden funcionar como metáfora de una época convulsa para la historia española: la transición de una dictadura militar de 40 años de duración a una democracia. Este periodo, que suele ser considerado por los historiadores como un momento marcado por el consenso, aparece sin embargo atravesado por numerosos desafíos, desencuentros y contradicciones, los cuales acompañarán a la nueva oficialidad institucional, que comienza a configurarse en paralelo a aquella Bienal.

Contraimágenes

Es también el momento en el que, en línea con el underground norteamericano y el largo ciclo sesentayochista europeo, está emergiendo una contracultura juvenil y ciudadana, emancipada de las instituciones franquistas, de la sociedad de masas y del capitalismo, cuyas prácticas y formas de vida revelan una crítica a las narrativas triunfales de la restauración monárquica. Asimismo, cuestionan el lugar y las funciones de las instituciones existentes y de los dispositivos ideológicos que las sostienen, de la familia a la cárcel, de la escuela al ejército, de la iglesia a la fábrica y del partido a la psiquiatría o a la sociedad de consumo.

Las nuevas formas de organización de la sociedad civil (asociaciones vecinales, agrupaciones de barrio, movimientos soberanistas, feministas, ecologistas y pacifistas, etcétera) dan lugar a nuevas prácticas estéticas contraculturales que proporcionan lenguajes y estrategias comunicativas a estos espacios. La contracultura funciona de este modo como una red de información alternativa basada en medios de comunicación paralelos –revistas como Ajoblanco o Vindicación Feminista, fanzines, radios libres, pintadas, documentales, adhesivos, murales, performances, détournements–, y gracias también al cine militante de grupos como Colectivo de Cine de Clase o Colectivo de Cine de Madrid y de fotoperiodistas como Anna Turbau o Pilar Aymerich. Es una red que se expande por bares, festivales, pisos francos y ateneos, atravesando barrios, plazas y espacios naturales, para transformar las relaciones entre lo privado y lo público, y reclamar el derecho colectivo a la ciudad.

La poesía, la música, el teatro independiente, el cómic, los collages, pero también la ficción, el cine y las artes plásticas, suponen privilegiados vehículos para la exploración de las ansiedades y esperanzas propias de este periodo, de quiebra de las masculinidades franquistas, desbordamientos feministas, crisis del nacional-catolicismo y pregunta por los límites de la (a)normalidad democrática. Las nuevas estéticas de la contracultura, de carácter autónomo, desregulado, efímero y popular, sostienen de esta forma la posibilidad de un espacio de ruptura e insumisión en el horizonte postfranquista, lejos a la vez de los consensos constitucionales y de las tentaciones involucionistas y comprometido con la idea de una ruptura estética y moral, desde la unión entre política y placer.

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