Lucía C. Pino Makebelieve Neuromancer

23 Feb - 30 May 2021
Makebelieve Neuromancer

Overview

vest armour coming to rest
be brown
light as you lie against me
I will be heavy as August over your hair Our rivers will go to the same sea

We will leave full of amazement and illuminations dealt through the short tongues*

 

Makebelieve Neuromancer es una instalación escultórica e inmersiva en la que se explora la idea de
la transitoriedad y su capacidad de formación de otros modos de existencia y subjetividad.

Las investigaciones de Lucía C. Pino con los materiales y sus cualidades, sus ensamblajes y agencia, parten de la intriga sobre la relación que tenemos con ellos. Ella explora el comportamiento de resinas, hierro, plásticos sintéticos o biológicos, fibra de vidrio, aglutinantes… deconstruyendo y ensayando montajes distintos, ampliando así los modos habituales de relación entre ellos y sus posibilidades de cambio y contingencia.

La instalación recoge las exploraciones de la artista sobre los estados de la materia y la cristalización de la viscosidad. Busca ese breve instante en que el material es pura potencia, justo cuando adquiere una maleabilidad y una fluidez que alteran para siempre su forma y composición. Esa materia, aun conservando la dureza y el recuerdo de lo que fue, adquiere la impronta de su proceso de transformación y se convierte en una arqueología del presente que todavía apunta hacia el pasado, a la vez que esboza posibilidades para el futuro. También ese recuerdo se mantiene en los materiales recuperados y reutilizados, que han tenido otros usos y guardan memoria de su propio recorrido.

Los elementos que componen Makebelieve Neuromancer y las relaciones entre ellos apelan a la transitoriedad, a ese haber sido otra cosa y convertirse en algo diferente. Las piezas escultóricas, sus componentes, los gestos de intervención en el espacio, todos los elementos insisten en la hibridación de sus cualidades intrínsecas, en la respuesta por contacto con otras moléculas, en la transgresión estructural.

Las partes sólidas se encaran con volúmenes ligeros que responden a la idea de un esqueleto con su armadura protectora, llevando más allá el concepto de profilaxis que ronda formalmente las piezas. La escultura es un integumento, encabalgado en un armazón, ligera como cuando te apoyas en mí, pesada como agosto en tu pelo. Una cobertura que recrea cuerpos no canónicos, grandes, cuerpos frágiles y vulnerables que múltiples crisis biopolíticas se esfuerzan en sacudir. El cuerpo, al igual que el resto de materiales, tiene su propia agencia y capacidad de transformación.

Esa potencialidad de mutación es alentadora y esperanzadora, y hace de la sala de exposiciones un lugar heraclitiano, un panta rei cuya única constante es el cambio, que celebra el devenir continuo en positivo.

Se intuye en la instalación una tensión entre el concepto de doble y la condición de tránsito de sus componentes. Lo doble, lo par, lo binario, está tensionado con todo lo híbrido que está en medio, creando un lugar mutante cuyas coordenadas no están totalmente dibujadas. Ese sitio en el que no tienes la sensación de haber llegado sino de estar siempre yendo, y que eso no suponga ningún fracaso. Que celebra la transitoriedad como lugar habitable y no como simple lugar de paso.

La insistencia en lo transitorio interpela a la subjetividad que fluye y se escurre de terminologías taxativas y definiciones normativizadoras y castrantes. Reconoce y tributa a quienes eligen vivir esa transformación y ponen el cuerpo en el centro de situaciones que urge debatir y cambiar.

El título, Makebelieve Neuromancer, es un juego de palabras pares que derivan de dos ficciones transgresivas de finales del siglo XX, obras de culto en el mundo queer: Stone Butch Blues, de Leslie Feinberg, y uno de los relatos del libro Chelsea Girls, de Eileen Myles, que nos lleva de viaje alucinatorio por los bares gais de la Nueva York de los noventa. La ficción de los cuerpos como escultura viviente a lo largo y ancho de la ciudad se recrea (en el sentido de que se reproduce y se regocija) en la ficción del espacio expositivo, con la imaginería y la semiótica de un espacio que ha sido religioso.

Los versos que siguen al título son una torsión lingüística de uno de los poemas de The Black Unicorn, de Audre Lorde. La torsión a la que la artista somete a la palabra la convierte en un material más de su trabajo y redunda en el cuestionamiento de lo que se supone que las cosas son, primero porque, ya hemos dicho, todo está en continuo cambio, y segundo, porque si los materiales que tenemos no nos sirven, ¿por qué no modificarlos?

La instalación Makebelieve Neuromancer responde a la manera en que la artista entiende la práctica escultórica, como devenir poético y forma de aproximación al conocimiento más allá del inmovilismo discursivo binario y logocéntrico, una forma de introducir reencantamiento y resignificación en algunos relatos sin intención de ilustrarlos. Y por añadidura ofrece una confrontación queeroptimista en condiciones de discutir a la hegemonía extractivista antropo(andro)céntrica que nos ha sumergido en las ciénagas distópicas de un duelo planetario.

Pilar Cruz

 

*Traducción:

“armilla acorazada que se dispone
a descansar sé morena
ligera como cuando te apoyas en mí
seré pesada como agosto en tu pelo Nuestros ríos confluirán en el mismo mar Nos iremos llenas de luces y estupefacción tratadas a través de las lenguas cortas”

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