Mercedes Mangrané Parche

17 Nov 2020 - 29 Ene 2021

Overview

Pero a Irene solamente la entretenía el tejido,

mostraba una destreza maravillosa y a mí se

me iban las horas viéndole las manos como

erizos plateados, agujas yendo y viniendo

y una o dos canastillas en el suelo donde

se agitaban constantemente los ovillos

 

Júlio Cortázar. Casa Tomada

 

Nuestro modo de ser-en-el-mundo es el habitar.

En su conferencia Construir, Habitar, Pensar (1951) Martin Heidegger nos recuerda como en el alto alemán antiguo construir y habitar eran indisociables, recuperando el construir como aquello que ya-es-siempre un habitar, buan. Un permanecer, un demorarse, un hiato, una temporeidad que nos permite la práctica de lo propio. Junto a buan, Heidegger retoma la antigua palabra bauen, que hace referencia a como el ser humano es en la medida que habita, pero bauen también es proteger y cuidar, preservar y cultivar.

Hay ocasiones en que las ficciones de esa convención que llamamos realidad nos presentan los muros en tanto que frontera, en tanto que dispositivo impenetrable. Operan necropolíticamente contra algunos cuerpos, cuando en una tentativa por sujetarlos los aniquilan. Como si el oikos fuera algo privado que se protege a través de estrategias arquitectónicas de aislamiento. El muro como coraza que nos protege de la otredad. El muro como fortaleza. Pero los muros, más allá de estas ficciones perversas, son horizontes de posibilidad. En los muros se guarece lo que habita en los planos de la no representación, aquello que acontece en un espaciointermedio entre el ver y el velar.

Las ventanas, con sus cortinas, velan a modo de re-articulación de lo sensible, posibilitando un recogimiento que cuida sin aislar, porque todo aislamiento es contrario al habitar, contrario a ese estar que es ya-siempre un co-estar. Nos encontramos en todas y cada una de las esferas del habitar, a pesar de los múltiples intentos por delimitar un dentro y un afuera. El habitar es el ante-qué de un transitar constante hacia la casa, en la que no estamos plenamente nunca pero hacia la que nos desplazamos siempre. Nuestro ser-en-el-mundo se da en las intersecciones entre las esferas del habitar, en los caminos donde nos acompañamos. Se da en el acariciar los parches que dan forma a ese acuerdo llamado mundo, cuyos trazos recogen papeles que nos invitan a mirar. Asomándonos a esos portales donde pareciera que, en términos de Agamben, esa luz invisible que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra sobre el pasado y éste, tocado por su haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora.

Cuando la casa, en tanto que esencia, no existe, solo queda la posibilidad de la dimensión relacional de la existencia. Solo nos queda un estar-con en lugar de un estar-en. Los muros de esta exposición no son los límites sino los entre-medio de aquello por transitar. Un recogimiento compartido donde articular acciones colaborativas, donde cultivar esos aún-puede-llegar-a-ser que están por venir. El habitar es cómo nos enredamos en el mundo a través de los ovillos, a través de un lugar que ya siempre con-forma otros lugares. Es la toma de una casa en la que tejer redes para los temblores que vendrán.

Nuestro modo de habitar es el tejer.

Laura Benítez Valero

 

Ana Mas Projects presenta “Parche”, la segunda exposición individual de Mercedes Mangrané en nuestro espacio de L’Hospitalet de Llobregat. Para esta exposición Mangrané presenta una serie de pinturas al óleo de pequeño formato en conexión con acuarelas y fotografías realizadas con el dispositivo móvil.

Mercedes Mangrané (Barcelona, 1988) reimagina relaciones sobre el propio cuerpo desde una pintura cuya superfície se desestabiliza, indagando en los temblores de la luz encarnada en la materia y las formas de recogimiento. A través de fotografías de momentos efímeros, epifanías cotidianas y encuentros con lo material, se acerca al suelo, a los muros y los portales, entre otros elementos urbanos que muestran horizontes de posibilidad desde su opacidad y resistencia.

El universo desplegado en “Parche”, propone una tensión sobre el deseo entre lo tangible y lo intangible, entre motivos nítidos y vaporosos: obras cuyos juegos tonales se encienden y se apagan, mostrando una reflexión sobre aquello que se resiste a ser mirado.

Mangrané indaga en las formas orgánicas que se solapan y se sobreponen desde el acto de construir ocultando, desde un campo visual que se interroga sobre la visibilidad y los resquicios de subjetividad en la cultura material. A través de investigaciones formales y conceptuales la artista explora el imaginario de los espacios intersticiales, como son la paradoja del cobijo en la intempérie, los espacios negativos y positivos en las figuras que remiten al molde o la matriz, y los contornos que delimitan aquello tangible, así como sus vacíos.

 

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